jueves, septiembre 17, 2026
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 ¿Quién nos cuidará cuando seamos viejos?

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El envejecimiento de la población plantea una pregunta que ya no puede postergarse: ¿habrá suficientes personas dispuestas y preparadas para cuidar a quienes las necesiten?

Uno de los grandes logros de la medicina durante el siglo XX fue algo que hoy damos por sentado: vivimos más.

Pero ese éxito trae consigo una pregunta nueva. Si la vida se prolonga, si cada vez hay más personas mayores y si muchas de ellas necesitarán algún tipo de apoyo, ¿quién va a cuidarlas?

No se trata solamente de una cuestión económica ni de encontrar nuevas tecnologías. El desafío es también profundamente humano. Porque cuidar requiere algo que no puede producirse en una fábrica ni descargarse en una aplicación: tiempo de otra persona.

La población cambia y el modelo también

Durante décadas, los sistemas de salud y de cuidado se construyeron sobre una idea que parecía inagotable: siempre habría suficientes personas jóvenes para trabajar, acompañar, asistir y cuidar a quienes lo necesitaran.

Pero la estructura demográfica está cambiando.

Vivimos más y nacen menos niños. La tradicional pirámide poblacional comienza a perder su forma: en la base hay menos personas jóvenes y, en la parte superior, cada vez más personas alcanzan edades avanzadas.

Esto obliga a mirar el problema desde otra perspectiva.

Podríamos hablar de una “pirámide biográfica”: no solo importa cuántas personas mayores habrá, sino cuántas personas jóvenes estarán disponibles para organizar parte de su vida alrededor del cuidado.

Y ahí aparece una tensión que todavía no hemos resuelto.

El ejército invisible de los cuidadores

Gran parte del cuidado cotidiano de las personas mayores no ocurre en hospitales ni en instituciones. Ocurre en las casas.

Una hija que acompaña a su madre al médico. Un hijo que organiza los medicamentos de su padre. Una persona que llama todos los días para saber cómo está. Alguien que hace las compras, prepara comida, acompaña a una consulta o ayuda a bañarse.

Muchas veces ese tiempo destinado al cuidado ni siquiera es reconocido como trabajo.

Sin embargo, tiene un enorme valor social y económico. Y cuando esa red familiar deja de estar disponible, la pregunta se vuelve evidente: ¿quién ocupa ese lugar?

Y aquí es donde surge un nuevo problema: cada vez es más difícil encontrar suficientes personas para hacer este trabajo.

El cuidado necesita cuidadores

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) viene advirtiendo sobre las dificultades que enfrentan distintos países para atraer y retener trabajadores de la salud. En particular, señala una disminución del interés de los jóvenes por algunas carreras sanitarias y problemas vinculados con las condiciones laborales, los salarios y la sobrecarga de trabajo.

No alcanza, entonces, con preguntarnos cuántas personas mayores habrá dentro de veinte o treinta años.

Tenemos que preguntarnos también quiénes estarán disponibles para acompañarlas.

No estamos ante una única causa ni ante una respuesta sencilla. Pero sí frente a una tensión que merece ser discutida: mientras aumenta la necesidad potencial de cuidados, puede disminuir la disponibilidad de personas dispuestas a realizar esas tareas.

Cuidar también necesita prestigio

Durante mucho tiempo, cuidar fue considerado algo natural: una tarea que alguien de la familia —frecuentemente una mujer— asumiría cuando llegara el momento.

Ese modelo ya no resulta sostenible.

Las familias son más pequeñas, las mujeres participan masivamente del mercado laboral y las personas viven más años. La fuente informal de cuidadores que durante generaciones pareció inagotable ya no lo es.

Por eso, el cuidado necesita ser reconocido, profesionalizado y valorado.

No solo por una cuestión laboral. También porque la manera en que una sociedad valora hoy a quienes cuidan dice mucho de cómo espera ser cuidada mañana.

La gran discusión sanitaria de las próximas décadas quizás no sea solamente cuántas personas necesitarán cuidados. Será también cuántas seguirán dispuestas a proporcionarlos.

Marcelo Rohr. Cirujano | Magíster en Economía de la Salud | Director del Centro Hirsch