Reducir los desechos es mucho más simple de lo que parece y el beneficio es doble: cuidás tu presupuesto familiar y le ganás a la rutina cocinando platos riquísimos y totalmente renovados. Recursos simples para poner en práctica
¿Tenés que volver a comprar frutas? ¿Pero si compraste la semana pasada? ¿Ya comiste todo? Si la respuesta es «no», y se repite con los distintos grupos de alimentos, quizás estás desperdiciando más de lo que imaginás.
¿Qué es un desperdicio? Este término se usa para clasificar a los alimentos aptos para el consumo humano que no se consumen debido a que se deja que se estropeen o son descartados por los minoristas o los consumidores. Las causas son varias: reglas de etiquetado de fecha de caducidad rígidas o mal entendidas, prácticas de almacenamiento, de compra o de cocina inadecuadas. Por ejemplo: una familia tira a la basura racimo de bananas porque tienen manchas marrones cuando pueden ser ingeridas descartando la parte madura o utilizadas en licuados o budines.
Hoy, la tecnología y el ingenio nos permiten cambiar la perspectiva: los restos de comida ya no son «desechos», sino soluciones listas para el almuerzo de mañana. Para reducir el desperdicio es necesario descubrir ideas sencillas para reinventar tus platos de todos los días.
CLAVES PARA NO DESPERDICIAR EN CASA
1. Seguir la regla PEPA. Primero Entra, Primero Afuera. Al desembalar después de hacer una compra, mover los productos y alimentos más antiguos a la parte frontal de la heladera, el freezer o la alacena y acomodar la nueva compra en la parte posterior. De esta manera, es más probable que utilices los productos con más días de compra antes de que caduquen.
2. Hacer un balance. Anotar próximas fechas de caducidad de los alimentos que ya tenés en casa y armar un plan de comidas con los que están más cerca de su expiración. Además, mantener una lista de lo que hay en el freezer y cuándo se congeló cada alimento o preparación. Colocar las listas con imanes en la puerta de la heladera para una fácil referencia de los alimentos y preparaciones antes de que pasen su mejor momento de consumo.
3. Designar una cena cada semana para aprovechar una comida reutilizada. En vez de cocinar una nueva comida, mirar en alacenas, heladera y freezer para aprovechar restos de comidas anteriores y otros alimentos que de otra manera podrían ser pasados por alto.
4. Comer pronto lo que quedó (o freezarlo). Aprovechar los restos de la cena para el almuerzo del día siguiente. Pueden transportarse en recipientes herméticos. Si no se comerán de inmediato, freezar con fecha y descripción en la etiqueta de la bolsa.
5. Usar todo. Al cocinar, utilizar cada parte del alimento siempre que sea posible. Por ejemplo, dejar la cáscara a pepinos y papas (tienen nutrientes que son desperdiciados al cortarlos y suman fibra) y usar todo el brócoli, incluyendo sus tallos y sus hojas (se pueden utilizar en tartas y omeletes reemplazando a la acelga).

6. Buscar el mejor uso de los alimentos. La mayoría puede aprovecharse de distintas formas. Por ejemplo, la fruta madura puede utilizarse en batidos, dulces o compotas; las verduras marchitas se pueden aprovechar en sopas o rellenos. Ambas, frutas y verduras maduras, se pueden convertir en jugos nutritivos.
7. Interpretar las etiquetas. Las leyendas de los envases no siempre significan lo mismo. Mientras que la fecha de caducidad (o vencimiento) es un límite estricto de seguridad que debemos respetar en productos altamente perecederos, la frase «Consumir preferentemente antes de» es una sugerencia del fabricante sobre la calidad máxima (sabor, textura y aroma). Por eso, pasar esa fecha no siempre es sinónimo de tirar comida a la basura.
Si, por ejemplo, los fideos secos fueron almacenados en sitios sin humedad, siguen siendo seguros y pueden consumirse varios meses —e incluso un año— después de la fecha impresa.
Con los lácteos (leche, yogur y quesos), si se mantuvieron refrigerados correctamente, hay un margen de unos pocos días siempre que su aspecto y olor sean normales, aunque con la leche fresca (no pasteurizada) hay que ser más estrictos.
La tolerancia es nula en alimentos de alto riesgo como pescados, embutidos o productos con huevo.
Un gran truco avalado por los expertos en seguridad alimentaria: si tenés en la heladera un alimento a punto de vencer, cocinalo bien y freezalo para ganarle meses de vida útil de forma totalmente segura.
8. Donar lo que no vas a consumir. Si sabés que las latas de porotos que tenés hace un par de meses en la alacena no llegarán a convertirse en un plato, donalas a un comedor social o a un hogar antes de que caduquen para que sean consumidas por alguien que lo necesita. Algunos lugares que reciben alimentos donados, son: Banco de Alimentos (www.bancodealimentos.org.ar), Quiero Ayudar (www.quieroayudar.org), Fundación SÍ (www.fundacionsi.org.ar), Fundación El Pobre de Asís (www.elpobredeasis.org.ar).
Antes de volver a comprar, mirá tu heladera, planificá tu semana y animate a transformar los restos de hoy en el gran plato de mañana. Tu bolsillo, tu salud y el planeta te lo van a agradecer
En el marco del Día de la Concienciación sobre el Desperdicio de Alimentos, que celebramos cada 29 de septiembre, recuperar el valor de la comida que sobra es una de las herramientas preventivas más poderosas que tenemos en casa.







