Terapia con agua fría: por qué los baños helados pueden tener más riesgos que beneficios

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La inmersión en agua fría o crioterapia se volvió popular por promesas de bienestar físico y mental, pero la evidencia científica sólida es limitada. En cambio, sí están documentados riesgos que llevan a los especialistas a recomendar cautela y evaluación médica previa.


Baños helados, duchas frías y crioterapia ganaron terreno como supuestas estrategias para mejorar el ánimo, la recuperación muscular y la salud general. Sin embargo, el respaldo científico de estos beneficios es insuficiente y, en algunos casos, los efectos positivos observados podrían explicarse por el efecto placebo.

Lo que sí está bien documentado son los riesgos asociados a la exposición al frío intenso. Entre ellos se describen lesiones por frío no congelante, que pueden provocar dolor persistente, alteraciones de la sensibilidad y molestias que se extienden durante años. A esto se suman los posibles efectos adversos de exposiciones prolongadas o a temperaturas extremas, con respuestas muy variables según la edad, el estado de salud y la tolerancia individual.

Los especialistas advierten que más frío o más tiempo no implica más beneficio. Por el contrario, aumenta el riesgo de complicaciones, especialmente en personas con enfermedades cardiovasculares, trastornos circulatorios o neurológicos. Por ese motivo, recomiendan extrema precaución, evitar prácticas caseras sin control y realizar exposiciones breves, siempre con consulta médica previa.

En el balance actual de la evidencia, los posibles peligros superan a los beneficios comprobados. Antes de sumarse a una tendencia, conviene informarse y priorizar estrategias de cuidado con respaldo científico.

Fuentes:
La Nación.