El consumo constante de contenidos breves y automatizados, impulsado por redes sociales y herramientas de inteligencia artificial, se asocia a un peor rendimiento cognitivo. Un estudio publicado en JAMA advierte sobre la llamada “podredumbre mental”, un deterioro progresivo de la atención, la memoria y el aprendizaje.
La hiperestimulación digital empieza a pasar factura. Investigaciones difundidas por la Revista de la Asociación Médica Estadounidense (JAMA) analizan cómo el uso intensivo de redes sociales y herramientas digitales se vincula con dificultades para leer, recordar y procesar información. Este fenómeno, conocido como “podredumbre mental” o brain rot, describe un deterioro del funcionamiento cognitivo asociado a la exposición constante a estímulos breves y automatizados.
La evidencia muestra que el consumo frecuente de videos cortos, publicaciones resumidas y respuestas instantáneas reduce la atención sostenida, debilita la memoria y favorece un aprendizaje superficial. Además, el tiempo dedicado a las pantallas desplaza actividades fundamentales para la salud cerebral, como la lectura profunda, el descanso adecuado y el pensamiento reflexivo sin apoyos externos.
Otro punto crítico es la dependencia de resúmenes generados por inteligencia artificial. Si bien estas herramientas pueden ser útiles, su uso permanente vuelve el proceso cognitivo más pasivo y limita la retención y la elaboración propia del conocimiento.
Para mitigar el impacto, los especialistas recomiendan poner límites al tiempo de pantalla, crear espacios libres de celular, priorizar búsquedas activas y utilizar la inteligencia artificial como apoyo puntual, no como reemplazo del esfuerzo mental personal.







