Especialistas en salud pública y neurodesarrollo salieron a aclarar conceptos erróneos luego de declaraciones políticas que volvieron a instalar vínculos sin sustento entre el autismo, las vacunas y algunos medicamentos. La evidencia científica es clara: no existe relación causal y el aumento de diagnósticos responde, principalmente, a cambios en los criterios médicos y a una mayor detección.
Tras declaraciones realizadas el 24 de septiembre de 2025 por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y funcionarios de su administración, distintos referentes en salud pública y neurodesarrollo advirtieron sobre la difusión de información incorrecta en torno a una supuesta “epidemia de autismo”.
La comunidad científica coincide en que no existe evidencia que vincule el trastorno del espectro autista (TEA) con la vacunación infantil ni con el uso de acetaminofén (paracetamol) durante el embarazo. Numerosos estudios de gran escala, realizados a lo largo de más de dos décadas, descartaron estas asociaciones, que ya habían sido planteadas y refutadas en el pasado.
El aumento de diagnósticos observado desde las décadas de 1980 y 1990 se explica, en gran medida, por la ampliación y modificación de los criterios diagnósticos, una mayor concientización social, el mejor acceso a evaluaciones especializadas y la reducción de desigualdades vinculadas al nivel socioeconómico, la raza y el sexo. En otras palabras, hoy se diagnostica más porque se busca y se reconoce mejor, no porque haya una causa ambiental nueva comprobada.
La evidencia disponible señala que el autismo tiene un origen mayormente genético, con múltiples genes involucrados y una gran variabilidad en su expresión. Sin embargo, especialistas advierten que una parte significativa del financiamiento en investigación sigue concentrándose en las causas biológicas, mientras que una proporción menor se destina a servicios, apoyos, educación y acompañamiento para las personas autistas y sus familias, áreas clave para mejorar la calidad de vida.
Desde la perspectiva de la salud y el bienestar, los expertos coinciden en que el camino a seguir no es alimentar temores infundados, sino fortalecer la información basada en evidencia, garantizar diagnósticos oportunos y ampliar los recursos de apoyo a lo largo de todo el ciclo vital.
Fuentes:
– Centers for Disease Control and Prevention (CDC), Autism Spectrum Disorder: Data & Statistics.
– National Institute of Mental Health (NIMH), Autism Spectrum Disorder.
– Taylor LE et al., Vaccines are not associated with autism, Vaccine.
– New England Journal of Medicine y The Lancet, revisiones sobre epidemiología del TEA.







