El alcoholismo se define, según la Organización Mundial de la Salud, «como cualquier deterioro en el funcionamiento físico, mental o social de una persona, cuya naturaleza permita inferir razonablemente que el alcohol es una parte del nexo causal que provoca dicho trastorno».
1. Primeros tragos. El alcohol empieza a actuar sobre el cerebro casi de inmediato, por eso aparece una sensación de relajación, desinhibición y mayor confianza. Esto ocurre porque disminuye la actividad de la zona del cerebro que controla los impulsos, el juicio y la toma de decisiones.
2. A medida que seguís bebiendo. Se altera la coordinación, el equilibrio, el habla y los reflejos, por lo que aumenta el riesgo de caídas, accidentes y decisiones peligrosas, incluso cuando la persona siente que todavía controla la situación.
3. Cuando el consumo es elevado. El alcohol también afecta al corazón y a las emociones. Puede alterar el ritmo cardíaco y hacer que el cerebro interprete mal los gestos o las expresiones de otras personas, favoreciendo discusiones, reacciones impulsivas o agresividad.
4. Si hay una intoxicación importante. La persona puede estar muy confundida, hablar de forma incoherente, no poder mantenerse de pie o perder la capacidad de responder normalmente. Estos son signos de alarma que requieren atención médica inmediata.
5. Al día siguiente. Aunque el efecto del alcohol haya pasado, el organismo sigue recuperándose. El sueño es de peor calidad, el sistema inmunológico puede debilitarse durante al menos 24 horas y aparecen dolor de cabeza, náuseas, ansiedad, malestar general y cansancio, porque el cuerpo todavía está eliminando sustancias tóxicas producidas al metabolizar el alcohol y mantiene una respuesta inflamatoria.
En Argentina, podés recibir asistencia gratuita, confidencial y las 24 horas llamando a la Línea 141 (SEDRONAR) o a la Línea 108 Opción 3 del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.







