El Dr. Cormillot bailó tap en la Antártida para festejar los 50 años de la Base Marambio

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Alberto Cormillot, quien ya cuenta con tres viajes al continente blanco y fue nombrado Personal Civil ad honorem de la Fuerza Aérea, subió como homenaje un video grabado en mayo de este año en el que baila en la nieve junto a Agustín Almirón. Además, incluye otro video en el se muestra cómo es la vida en la base y explica el plan en el que viene trabajando, junto a especialistas de diversas áreas, para mejorar la calidad de vida de los argentinos que viven en el sur del mundo


El 29 de octubre de 1969 se fundó la Base Aérea Vicecomodoro Marambio, epopeya de trascendencia nacional, histórica y geopolítica protagonizada por nuestros compatriotas argentinos integrantes de la Patrulla Soberanía.

Ellos fueron los protagonistas de un hito que marcó el final del aislamiento con el Continente Antártico ya que a fuerza de picos, palas y coraje, construyeron en el suelo del desierto blanco la primera pista para aterrizar aviones de gran porte con tren de aterrizaje con ruedas en una de las regiones más inhóspitas del planeta donde hasta este momento solo se podía llegar por vía marítima.

A partir de entonces se inició una nueva era gracias a la posibilidad de realizar, por medios aéreos y en muy pocas horas, traslados de personal, apoyo logístico, evacuaciones de emergencia y tareas de búsqueda y salvamento sin necesidad de esperar condiciones de hielo favorables para la navegación.

A pesar de lo que muchos creen, la Antártida no es solo un bloque de hielo gigante. De hecho, haber conocido esta tierra y haber podido regresar en otras dos oportunidades representa una de las experiencias más enriquecedoras y emocionantes de mi vida y la muestra de que el lema, inscripto en Base Marambio, ha sido infalible conmigo: “Cuando llegaste, apenas me conocías… Cuando te vayas, me llevarás contigo”.

Base Marambio fue mi hogar en tres oportunidades hasta ahora. Allí funciona el Centro Meteorológico Marambio que proporciona información indispensable a las bases argentinas ya que el clima define la jornada: un día despejado y sin viento puede cambiar en solo dos o tres horas y convertirse en un día tormentoso con un descenso de 20 grados en la temperatura para después dar paso a la salida del sol y volver a la “normalidad antártica”.

Las condiciones extremas del lugar son compensadas con la calidad y calidez humanas. Pocas veces he visto grupos tan unidos y organizados. La dotación promedio alcanza, en las bases permanentes, alrededor de 50 habitantes; aunque en épocas de verano esta cantidad casi se cuadruplica, lo que exige una cuidadosa planificación de insumos y víveres para vivir en este territorio tan hermoso como hostil, cuyas temperaturas pueden llegar a los 38 grados bajo cero.

La mayoría de las dotaciones llegan durante las Campañas de Verano en buques y aviones que, además de llevar el nuevo personal, reabastecen a las bases con alimentos, combustible y equipos y trasladan a los científicos que desarrollarán sus proyectos de investigación.

Es tal la importancia de esta región, que 12 países firmaron el Tratado Antártico (Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Francia, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, Rusia, Sudáfrica, Reino Unido y Estados Unidos) y 38 más se han sumado desde 1959.

Gracias a este acuerdo el continente es considerado una reserva natural, por lo que la población de las bases ha dejado de alimentarse de la fauna local y su dieta depende de los alimentos que llevan desde sus países de origen. También es un espacio libre de los efectos nocivos de la mano del ser humano: allí se respira el aire más limpio y se contempla el cielo más azul que jamás haya imaginado.

De mi primer viaje, además de fascinación y regocijo, traje un gran aprendizaje, mucha información, el compromiso de dar a conocer la titánica tarea que se desarrolla en el lugar y enormes ganas de volver.

Comencé a pensar algunos aportes que compartí con el brigadier Fabián Otero, secretario general de la Fuerza Aérea, quien se mostró muy interesado. Al mismo tiempo el brigadier Enrique Amrein, autoridad máxima del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina, conoció el proyecto y desde un principio dio su total apoyo y compromiso.

A partir de allí, se armó un equipo del cual participo junto a nutricionistas, psicólogos, sociólogos, profesores de actividad física y personal de capacitación. Entre todos elaboramos propuestas para optimizar los recursos con que cuenta la región tanto en lo humano como en lo tecnológico.

Durante mi segundo viaje realizamos múltiples encuestas que nos permitieron hacer ajustes a lo que, más tarde, dimos en llamar el Programa Antártico de Calidad de Vida (PRACAVI): un plan integral, dinámico y específico, impulsado por la secretaría general con el objetivo de proporcionar los medios y el apoyo necesarios para preservar y garantizar el bienestar físico, material, social y emocional del personal designado a realizar la Campaña Antártica.

Pusimos en marcha el PRACAVI en Base Marambio durante mi tercer viaje al lugar. Este programa, desarrollado por Fuerza Aérea, está siendo considerado por el Comando Conjunto Antártico (COCOANTAR) integrado por directivos de las tres Fuerzas Armadas y a cargo de conducir las operaciones antárticas argentinas para hacerlo extensivo al resto de las bases.

El programa prevé tres momentos fundamentales:

  1. ANTES DE LAS CAMPAÑAS DE VERANO. Capacitaciones en El Palomar donde se trabaja en las áreas física (salud, alimentación, calidad de vida) y mental-emocional ya que muchos permanecen cerca de un año en las bases, alejados de sus seres queridos.
  2. DURANTE LAS CAMPAÑAS. Chequeos de salud y estrategias de alimentación, actividad física (con el apoyo de la Asociación Cristiana de Jóvenes y aprovechando el moderno gimnasio instalado en Base Marambio), manejo del ocio y uso del tiempo libre especialmente durante las invernadas cuando no se puede salir. Estas medidas se realizan con personal de la dotación o a distancia.
  3. DESPUÉS DE LAS CAMPAÑAS. Medidas para que las dotaciones vuelvan a sus hogares mejor que cuando se fueron (si esto es posible) o al menos en las mismas condiciones.

Hoy, al celebrar las Bodas de Oro de Base Marambio y habiendo sido homenajeado con el cargo de “Personal Civil de la Fuerza Aérea”, me siento parte de sus paisajes y su gente, feliz por difundir la honorable tarea de quienes allí se desenvuelven día a día en condiciones tan difíciles y orgulloso de ser parte del grupo que puso en marcha un Programa especialmente diseñado para que nuestros coterráneos cuiden su salud y vivan mejor en el Continente Blanco.

Solo resta desear un feliz 50° cumpleaños a todos los que dan vida a Base Marambio.

Al pisar su suelo conocí el “fin del mundo”… ¡O, tal vez, su verdadero comienzo!

Dr. Alberto Cormillot