Después del asado, el mayor riesgo no está en la parrilla sino en cómo se conservan los alimentos. Dejar la comida a temperatura ambiente, descongelar mal o mezclar utensilios puede favorecer la proliferación de bacterias y arruinar una reunión que empezó como festejo.
Cuando el asado se termina y la charla se estira, la carne no debe quedar en la parrilla apagada, en el horno tibio ni sobre la mesada. El calor ambiental favorece el crecimiento de bacterias que pueden provocar malestar digestivo. La recomendación es clara: guardar las sobras en recipientes limpios y llevarlas a la heladera, donde deben conservarse a menos de 5 °C.
Si quedó carne congelada, hay una regla básica de seguridad alimentaria: nunca descongelar a temperatura ambiente. El paso correcto es del freezer a la heladera. Durante la preparación, otro error frecuente es usar la misma pinza o cuchillo para la carne cruda y la cocida. Esta práctica genera contaminación cruzada, un mecanismo por el cual los microbios pasan de un alimento a otro y pueden causar dolor abdominal, diarrea o vómitos.
Al momento de servir, los expertos advierten que el asado no debería permanecer más de dos horas fuera del frío. En climas calurosos, ese tiempo puede ser incluso menor. El calor acelera el deterioro de los alimentos y hace que una comida pensada para disfrutar se vuelva riesgosa.
Además de la carne, hay otros protagonistas sensibles del asado: ensaladas ya aliñadas, mayonesa, salsas y preparaciones con huevo, papa o arroz. Cuando quedan mucho tiempo sobre la mesa, cerca de la parrilla o la cocina, pierden seguridad sin dar señales visibles. Para evitar problemas, conviene servir porciones pequeñas y devolver el resto a la heladera apenas termina cada tanda.
Cuidar estos detalles permite disfrutar del asado sin sobresaltos y evitar que el recuerdo del encuentro termine siendo una consulta médica.
Fuentes:
Crónica; Mayo Clinic; UCI Health.







