Un artículo publicado en la revista estadounidense Parade explicó que cuando alguien se traga un chicle, éste pasa por el sistema digestivo sin digerirse porque su base está hecha de goma sintética, resistente a los jugos gástricos y a las enzimas (sustancias que descomponen los alimentos). El cuerpo lo elimina con las heces en pocos días, igual que otros residuos que no puede procesar.
Solo sería riesgoso en bebés o personas con trastornos intestinales, ya que podría obstruir el intestino (bloquear el paso normal de los desechos).
Después de tragarse un chicle conviene tomar agua o infusiones suaves y comer frutas o verduras con fibra, como manzana o zanahoria, para favorecer el tránsito intestinal y evitar molestias.
El mito de que el chicle se queda pegado en el estómago o tarda años en salir es falso, aunque si se pega momentáneamente en la garganta, basta con beber líquido o comer un pedazo de pan blando para ayudarlo a bajar.







