Después de los 45: qué explica la aparición de los “rollitos” abdominales

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El aumento de grasa en la zona abdominal a partir de la mediana edad no se debe únicamente a comer más o moverse menos. Nuevas investigaciones muestran que el propio proceso de envejecimiento modifica la forma en que el cuerpo distribuye músculo y grasa, favoreciendo la acumulación en la cintura.


Un estudio publicado en la revista científica Science señala que, con el paso del tiempo, el organismo pierde masa muscular —un fenómeno conocido como sarcopenia— y, al mismo tiempo, activa con mayor intensidad ciertas células madre capaces de transformarse en células grasas, especialmente en el abdomen. Este mecanismo ayuda a explicar por qué muchas personas notan que la panza se vuelve más blanda o prominente después de los 45 años, aun cuando el peso total no cambie demasiado.

Los investigadores observaron que, en la mediana edad, estas células madre muestran mayor tendencia a generar tejido adiposo. Es decir, el músculo disminuye y la grasa ocupa su lugar, modificando la composición corporal más allá de lo que indica la balanza. Hallazgos en la misma línea fueron difundidos en publicaciones científicas como Nature Aging y en análisis disponibles en PubMed Central, que describen cómo el envejecimiento altera el metabolismo y la capacidad regenerativa muscular.

En términos prácticos, esto significa que “hacer solo dieta” suele no ser suficiente. La evidencia científica coincide en que el ejercicio regular —y en particular el entrenamiento de fuerza— es clave para preservar masa muscular, sostener el gasto energético y reducir la acumulación de grasa abdominal asociada a la edad.

La buena noticia es que el proceso no es irreversible. Mantener hábitos activos, priorizar proteínas de calidad, dormir bien y evitar el sedentarismo ayudan a contrarrestar los cambios propios del envejecimiento y a cuidar la salud metabólica.

Fuentes: La Nación; Science; Nature Aging; PubMed Central.