6 situaciones que las personas felices suelen evitar

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Estrategias para mejorar la calidad de vida aprendiendo a mirar lo que nos rodea con nuevos ojos y a disfrutar más de los pequeños momentos


“Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace”.

¿Pensás habitualmente en tu felicidad? ¿Podrías considerarte una persona ‘feliz’?

Aunque muchos la asocian con una meta que hay que conquistar, la mayoría de los estudios científicos afirma que la felicidad es un estado que puede ser construido por todos los seres humanos que desarrollen ciertas capacidades.

Basados en esta idea de construcción, las investigaciones señalan que las personas pueden ser felices a propósito, ya que la felicidad es una conducta aprendida, medible y tangible.

Tanto es así que la genética puede ser responsable de un 40 % de nuestra cuota de felicidad dada por ciertos rasgos de personalidad, pero no se sienten más felices quienes tienen un buen aspecto, más dinero o una mejor educación.

Salvo que no podamos satisfacer las necesidades básicas de alimentación, vivienda y seguridad o estemos gravemente enfermos, esas circunstancias aportan solo otro 10 % a la felicidad.

¿Y el 50 % restante? Ese resto depende, ni más ni menos, que de lo que uno hace para ser feliz.

Por eso, no es más feliz quien tiene menos problemas sino quien los enfrenta mejor.

Tampoco lo es la persona que no atraviesa por experiencias dolorosas (todos las vivimos en algún momento) sino aquella que viva esa experiencia y, en un tiempo más o menos variable, aprende a convivir con ella y sale fortalecido o con algún aprendizaje.

Sin embargo, la mayoría busca ‘felicidad’ en lugares equivocados: “voy a ser feliz cuando… me mude a una casa más grande, gane mucho dinero, baje de peso, consiga una pareja, tenga un mejor trabajo…”.

Para orientarte en esta construcción, compartimos las 6 cosas que las personas felices no hacen jamás, un resumen de actitudes frente a la vida que puede ser útil para guiar la conducta y descubrir pequeñas grietas por donde dejamos escapar el bienestar.

Aprovecharlas para dar sentido a lo que hacemos día a día, con pensamiento y propósito, la firme voluntad de aprender y crecer incluso cuando confronta molestias y crisis, depende de uno.

Como protagonistas de nuestras vidas es posible que nos veamos reflejados en algunas situaciones. Cuando así sea, habremos descubierto algo para cambiar a nuestro favor.

1- Las personas felices no se preocupan por lo que hacen o dicen los demás

Quienes invierten demasiado tiempo en mirar qué hacen y qué tienen los otros descuidan algo esencial: focalizar la energía en sí mismos. Si bien puede ser útil tener un registro del entorno, vivir comparando nuestras acciones con las ajenas puede dificultar la toma de decisiones.

QUÉ HACER

  • Identificar las distracciones: reconocer si dedicamos demasiado tiempo o energía en compararnos con otros.
  • Escuchar la propia voz: dirigir la atención hacia uno para disfrutar más y ocuparnos de los temas que a resolver.
  • Mantenerse enfocado: ¿cuáles son nuestras metas?, ¿qué deseamos lograr?, ¿estamos siguiendo un plan?, ¿cómo nos hace sentir nuestro presente?

2- Las personas felices no atan su bienestar a la aprobación ajena

Estar contento con ser uno mismo, sin comparaciones ni la exigencia de impresionar a los demás, genera aceptación y respeto no solo del entorno sino propia.

Del otro lado están quienes solo pueden definirse por lo que los demás piensan. ¿Qué haríamos diferente si supiéramos que nadie nos juzga? Es posible que hayan escuchado nuestras historias y tal vez crean que nos conocen, pero no pueden sentir lo que sentimos ni viven nuestra vida.

QUÉ HACER

  • Conectarnos con nuestras emociones y decidir aquello que creemos será mejor para nosotros. Quienes lo acepten, serán nuestros compañeros de camino; quienes no, pueden ser nuestros maestros (siempre podemos aprender algo nuevo y no es necesario que todos acuerden con nuestras decisiones).
  • Si alguien nos dice algo y es verdad,  no es un problema. Si alguien nos dice algo y no es verdad, tampoco es un problema. En definitiva lo que otros digan sobre nosotros no es “nuestro” problema. ¿Cuál es nuestro verdadero asunto? Todo lo que nos digamos nosotros sobre nosotros mismos, lo que sentimos, lo que deseamos, lo que decidamos. Ese es nuestro “problema”.

3- Las personas felices no dependen de otros ni de las circunstancias

La infelicidad habita el hueco entre lo que tenemos ahora y lo que creemos que necesitamos.

Sin embargo, no necesitamos nada más para ser felices: ni permisos, ni cosas nuevas, ni cambios radicales. Nuestra vida no será mejor si alguien nos dice que lo es o si conseguimos comprar algo más.

Todos decidimos a diario si habitamos el hueco de la infelicidad o experimentamos el bienestar de los logros obtenidos.

QUÉ HACER

  • Dejar de responsabilizar a lo externo (amigos, pareja, familia, destino, Dios, problemas) por nuestra in/felicidad.
  • Aceptar que si no nos sentimos felices ahora es responsabilidad propia.
  • Desarrollar las habilidades necesarias para conquistar la felicidad a diario.
  • Apreciar lo agradecidos que estamos en este momento por lo que tenemos (familia, amigos, salud, trabajo, proyectos…).
  • Comprender que la mejor parte de nuestra felicidad o infelicidad depende  de nuestra perspectiva y no de la situación por la que atravesamos. Incluso si las cosas no son perfectas ahora podemos elegir enfocarnos en toda la belleza que nos rodea, en la oportunidad de un nuevo amanecer y en la confianza de que somos capaces de construir la vida que merecemos.

“Confiar en ti mismo no garantiza el éxito, pero no hacerlo garantiza el fracaso”. A. Bandura

4- Las personas felices no se atan al resentimiento ni se victimizan

Vivir atormentado por el pasado es como llevar una enorme piedra colgada del cuello.

Todos fuimos lastimados alguna vez, ya sea por nuestras decisiones o por las de otros, pero eso no es una excusa para permanecer en el resentimiento. Aunque vestir el traje de “víctima” a veces parece beneficioso (algo más de atención o consideraciones) al poco tiempo el entorno se cansa de los reclamos permanentes y la rumiación del pasado.

QUÉ HACER

  • Perdonar. Solo es posible enfocarse en el futuro si dejamos de combatir lo que ya pasó. Sin perdón las heridas nunca serán sanadas y el crecimiento personal no será completo.
  • Aceptar. No significa evitar lo vivido ni olvidarlo. Simplemente dejarlo ir entendiendo que es necesario aprender y continuar nuestro camino.

«Una tragedia puede ser el mayor de nuestros bienes si la tomamos de una manera que nos permita crecer». Louise Hay

5- Las personas felices no pasan mucho tiempo en entornos negativos

Las personas negativas y los ambientes que habitan pueden reducir notablemente nuestro bienestar.

Distintos estudios psicológicos no han dudado en adjetivarlas como “tóxicas” por el efecto que producen.

QUÉ HACER

  • Evitar charlas prolongadas con gente quejosa o que se victimiza. Es increíble el poder de persuasión que pueden tener para sumarnos al lamento.
  • Si son parte de nuestro círculo íntimo (familia, por ejemplo) poner límites con firmeza pero sin agredir. Decir qué pensamos, cómo queremos conducir nuestra vida o cuáles son nuestros límites. El tiempo que pasemos juntos será otra decisión a tomar.
  • Crear un espacio mental positivo. Aprender a reconocer los pensamientos que nos hacen sentir mal, generan angustia o ansiedad, es parte del trabajo para construir la vida que queremos.

“Nadie esta aquí para cumplir tu sueño. Todo el mundo esta aquí para cumplir su propio destino, su propia realidad”. Osho

6- Las personas felices no niegan la realidad (por más dura o incómoda que sea)

Vivir en la mentira o el engaño no mejora la realidad que duele y el mayor peligro es que no solo tenemos que mentir a los demás… ¡tenemos que hacerlo a nosotros mismos!

Las personas felices saben que resistirse a la verdad es inútil porque el esfuerzo que requiere sostener algo falso es mucho mayor que el que se necesita para aceptar la realidad.

QUÉ HACER

  • Dejar de esconder lo que nos duele y evaluar qué podemos hacer para cambiarlo.
  • Buscar ayuda. Conversar con un amigo, la pareja o un familiar puede ser suficiente. En otros casos será necesaria la consulta profesional.
  • Evaluar cuál es la cuota de responsabilidad propia frente a la situación.
  • Hacer un plan de pequeños pasos para ser parte de la solución, no del problema.
  • Hacer foco en aquello que podemos controlar y ser flexibles en el plan para lograrlo.

“Cuida tus pensamientos, porque se convertirán en tus palabras. Cuida tus palabras, porque se convertirán en tus actos. Cuida tus actos, porque se convertirán en tus hábitos. Cuida tus hábitos, porque se convertirán en tu destino”. Mahatma Gandhi