Inyecciones para adelgazar: por qué la medicación no reemplaza al hábito

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Aunque fármacos como la semaglutida y la tirzepatida representan una revolución en el tratamiento de la obesidad, el Dr. Alberto Cormillot advierte que su uso sin educación alimentaria ni actividad física puede derivar en resultados transitorios.


El panorama actual del tratamiento de la obesidad ha cambiado drásticamente con la llegada de fármacos como la liraglutida, semaglutida y tirzepatida, los cuales han ganado gran popularidad a nivel mundial. Estas medicaciones son consideradas una verdadera revolución, ofreciendo una solución mucho más efectiva que las herramientas disponibles en el pasado.

Sin embargo, existe una creciente preocupación por el mal uso de estos recursos. El Dr. Cormillot señala que muchas personas utilizan las inyecciones sin realizar un cambio de fondo en su estilo de vida, omitiendo el aprendizaje sobre cómo comer saludablemente y la práctica de actividad física, la cual es fundamental para prevenir la pérdida de masa muscular durante el descenso de peso.

Es crucial entender que la obesidad no es una condición que se «cure» de forma definitiva, sino que se controla, de manera similar a cómo una persona con diabetes se mantiene bajo control o un alcohólico se encuentra en estado de recuperación. El objetivo principal es permanecer el mayor tiempo posible libre de sobrepeso para mejorar la calidad de vida.

En conclusión, para que estos fármacos brinden sus mejores resultados, deben integrarse en un esquema de tratamiento integral que incluya educación alimentaria, ejercicio y un seguimiento profesional constante. La ciencia aporta la herramienta, pero el éxito a largo plazo sigue dependiendo de la construcción de hábitos sólidos.