La obesidad infantil no solo aumenta el peso: también puede dificultar movimientos tan simples como sentarse y levantarse de una silla, una señal de que ya está afectando la fuerza muscular y la capacidad física desde edades tempranas.
Dos estudios mostraron que el 66,3% de los niños y adolescentes con obesidad tenía una capacidad funcional reducida, el 67,5% ya presentaba otros problemas de salud asociados, como alteraciones del hígado, presión arterial elevada o resistencia a la insulina, y más de la mitad no realizaba actividad física de manera regular. Los especialistas explican que la acumulación de grasa, especialmente en la zona del abdomen, aumenta el riesgo cardiovascular y hace que actividades cotidianas, como levantarse del piso, subir escaleras, correr detrás de una pelota o jugar en una plaza, requieran un esfuerzo mucho mayor.
La buena noticia es que un programa que combinó ejercicios de fuerza, actividad aeróbica y movilidad logró mejorar la fuerza, la capacidad para moverse y la velocidad al caminar, lo que demuestra que incorporar movimiento adaptado a la edad y a las posibilidades de cada chico puede mejorar su salud y su calidad de vida, incluso antes de que se produzca una baja importante de peso.







