Compartimos una entrevista realizada al Dr. Alberto Cormillot donde nos cuenta algunas claves de su nuevo libro Vivimos más, lleguemos mejor
Cada vez vivimos más años. ¿Cuál es la clave para llegar bien?
Vivimos más años que generaciones anteriores, pero el verdadero desafío es cómo vivimos esos años. Llegar bien implica cuidar el cuerpo, la mente y los vínculos. No existe una fórmula mágica, sino una suma de hábitos sostenidos en el tiempo.
La buena noticia es que gran parte de la calidad de nuestra longevidad depende de decisiones cotidianas. No podemos evitar envejecer, pero sí podemos influir en la manera en que atravesamos ese proceso.
¿Qué papel juegan la alimentación y la nutrición en un envejecimiento saludable?
La alimentación es uno de los pilares de la salud. No me gusta hablar de alimentos prohibidos, sino de elecciones más o menos convenientes. Lo importante es que la mayor parte de nuestra alimentación esté basada en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, proteínas de buena calidad y grasas saludables.
La alimentación inteligente también incluye placer. El problema no es disfrutar ocasionalmente de una comida especial, sino cuando los excesos se vuelven una costumbre.
¿Cuánto deberíamos movernos y cuál es la mejor actividad física?
La mejor actividad física es la que podemos sostener en el tiempo. Caminar, bailar, nadar, andar en bicicleta o hacer gimnasia pueden ser excelentes opciones si se adaptan a nuestras preferencias y posibilidades.
Para obtener beneficios importantes basta con acumular alrededor de treinta minutos diarios de movimiento; pero cuidado: la continuidad es mucho más importante que la intensidad. Por eso sumar movimiento a través de actividades de la vida cotidiana puede ser más efectivo que hacer grandes esfuerzos esporádicos.
¿Cómo podemos cuidar el cerebro y la salud cognitiva a medida que envejecemos?
El cerebro necesita desafíos, aprendizaje y adaptación. Aprender cosas nuevas, leer, conversar, estudiar, tocar un instrumento o simplemente salir de la rutina ayuda a fortalecer nuestra reserva cognitiva.
También es fundamental controlar el estrés, porque cuando se vuelve crónico afecta nuestra capacidad de atención, memoria y aprendizaje. La buena noticia es que el cerebro conserva su capacidad de cambio durante toda la vida.
¿Qué importancia tienen los vínculos, el propósito y la actitud frente a la vida?
Tienen una importancia enorme. La salud no depende únicamente de análisis o estudios médicos. Las personas que mantienen vínculos significativos, proyectos y objetivos suelen atravesar mejor las dificultades y conservar una mejor calidad de vida.
Tener un propósito —lo que los japoneses llaman ikigai— funciona como un motor que nos impulsa a seguir aprendiendo, creciendo y disfrutando.
¿A qué edad hay que empezar a cuidarse? ¿Es tarde empezar a hacerlo después de los 50 o 60 años?
Lo ideal es empezar hoy, cualquiera sea la edad. Nunca es demasiado temprano para incorporar hábitos saludables ni demasiado tarde para beneficiarse de ellos.
He visto muchas personas mejorar su salud, su movilidad y su bienestar después de los 60 o incluso de los 70 años. Nuestro cuerpo y nuestro cerebro conservan una gran capacidad de adaptación. Siempre estamos a tiempo de dar el primer paso.
Si tuviera que resumir su nuevo libro en un mensaje final, ¿cuál sería?
Que la longevidad saludable no depende de una decisión extraordinaria, sino de pequeñas decisiones repetidas todos los días. Comer un poco mejor, moverse un poco más, controlar el estrés, cultivar vínculos y mantener proyectos.
La clave no es solamente de vivir más años, sino llegar a ellos con la mayor autonomía, energía y bienestar posibles.







