Conocer los factores de riesgo y realizar los controles médicos puede ayudar a detectarlo en etapas tempranas
Los riñones son dos órganos con forma de poroto ubicados a ambos lados de la columna vertebral. Entre sus múltiples funciones se encuentran filtrar los desechos de la sangre, regular el equilibrio de líquidos y participar en el control de la presión arterial.
El cáncer renal aparece cuando algunas células del riñón comienzan a multiplicarse de manera descontrolada y forman un tumor. Aunque no se encuentra entre los cánceres más frecuentes, su incidencia aumentó en las últimas décadas, en parte porque cada vez se realizan más estudios por imágenes que permiten detectarlo.
Una característica importante de esta enfermedad es que, en muchas ocasiones, no provoca síntomas durante sus etapas iniciales. De hecho, una gran proporción de los tumores renales se descubre de manera accidental al realizar una ecografía o una tomografía solicitada por otros motivos.
SÍNTOMAS
En las primeras etapas, el cáncer renal suele no producir molestias. Cuando aparecen síntomas, los más frecuentes pueden ser:
- Sangre en la orina.
- Dolor persistente en la zona lumbar o en un costado del abdomen.
- Aparición de un bulto o masa en el abdomen.
- Fatiga persistente.
- Pérdida de peso involuntaria.
- Fiebre sin causa aparente.
- Disminución del apetito.
Aunque estas señales no son exclusivas del cáncer renal y pueden estar relacionadas con otras enfermedades, siempre justifican una consulta médica.
FACTORES DE RIESGO
No siempre es posible determinar la causa exacta del cáncer renal. Sin embargo, existen factores que aumentan la probabilidad de desarrollarlo.
Tabaquismo. Fumar es uno de los principales factores de riesgo modificables. Cuanto mayor es la cantidad de cigarrillos consumidos y el tiempo de exposición, mayor es el riesgo.
Exceso de peso. La obesidad se asocia con un aumento del riesgo de varios tipos de cáncer, incluido el renal. Se cree que ciertos cambios hormonales y metabólicos podrían explicar esta relación.
Hipertensión arterial. Las personas con presión arterial elevada presentan un mayor riesgo de desarrollar cáncer de riñón.
Edad. La enfermedad es más frecuente después de los 50 años y la incidencia aumenta con el envejecimiento.
Antecedentes familiares. Tener familiares directos con cáncer renal puede incrementar el riesgo, especialmente cuando existen síndromes genéticos hereditarios asociados.

PARA SABER MÁS → Cáncer de riñón (Biblioteca Nacional de Medicina, USA)
DIAGNÓSTICO
A diferencia de otros tumores, no existe un estudio de rastreo recomendado para toda la población.
La mayoría de los casos se detecta mediante estudios por imágenes, entre ellos ecografía abdominal, tomografía y resonancia magnética. Estos estudios permiten identificar lesiones sospechosas y evaluar su tamaño y extensión.
Cuando es necesario, el equipo médico puede solicitar estudios complementarios para confirmar el diagnóstico y planificar el tratamiento.
TRATAMIENTO: CADA PACIENTE ES DIFERENTE
Las opciones terapéuticas dependen del tamaño del tumor, su localización, si se ha extendido a otros órganos y el estado general del paciente.
Entre las alternativas disponibles se encuentran:
- Cirugía para extirpar el tumor o parte del riñón.
- Cirugía para extirpar el riñón completo cuando es necesario.
- Terapias dirigidas.
- Inmunoterapia.
- Combinaciones de distintos tratamientos.
Gracias a los avances en diagnóstico y tratamiento, muchas personas pueden recibir terapias cada vez más precisas y con mejores resultados.
VIDEO → ¿Qué es el cáncer de riñón? (Fundación Nacional de Riñón, USA)
¿SE PUEDE PREVENIR?
No existe una forma garantizada de prevenir el cáncer renal. Sin embargo, adoptar hábitos saludables puede ayudar a disminuir el riesgo.
No fumar. Abandonar el tabaco es una de las medidas más importantes para proteger la salud renal y reducir el riesgo de múltiples enfermedades.
Mantener un peso saludable. Evitar el exceso de peso contribuye a disminuir la inflamación crónica y diversos factores metabólicos asociados al desarrollo de cáncer.
Controlar la presión arterial. Realizar controles periódicos y seguir el tratamiento indicado por el médico cuando existe hipertensión puede aportar beneficios para la salud cardiovascular y renal.
Mantenerse físicamente activo. La actividad física regular ayuda a controlar el peso, mejora la salud metabólica y se asocia con un menor riesgo de numerosas enfermedades crónicas.
Alimentación saludable. Una alimentación rica en frutas, hortalizas, legumbres, cereales integrales y alimentos frescos favorece la salud general y puede contribuir a reducir el riesgo de varios tipos de cáncer.
El cáncer renal suele desarrollarse sin síntomas durante mucho tiempo. Por eso, prestar atención a las señales del organismo y realizar los controles médicos recomendados resulta fundamental.
Consultar ante la presencia de sangre en la orina, dolor persistente en la zona lumbar o pérdida de peso sin explicación puede permitir un diagnóstico más temprano.
Como ocurre con muchas enfermedades, detectar el problema a tiempo amplía las posibilidades de tratamiento y mejora el pronóstico.







