Un estudio publicado en los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (National Institutes of Health) y en trabajos sobre nutrición cardiovascular explica que las sardinas aportan omega-3, grasas que ayudan al cerebro, la memoria, la vista y el corazón, además de bajar triglicéridos e inflamación.
Una lata en agua puede cubrir las necesidades diarias de estos nutrientes y también sumar proteínas, calcio, magnesio, vitamina D y vitamina B12, claves para los huesos, los músculos, los nervios y la energía.
Las sardinas enlatadas tienen entre 330 y 350 miligramos de calcio, incluso más que un vaso de leche, y una lata puede aportar 343% de la vitamina B12 necesaria por día. Además, al ser peces pequeños, acumulan menos mercurio que otros como el atún. Los especialistas recomiendan consumir pescado graso al menos 2 veces por semana y remarcan que las sardinas suelen ser una opción accesible y práctica.
También aconsejan revisar el sodio de las conservas leyendo la etiqueta, sobre todo en personas con presión alta.
Personas con alergia al pescado, hipertensión que necesite controlar sodio o problemas renales que requieran limitar minerales y sal, deberían consultar con un profesional antes de incorporarlas seguido.







