El regreso al trabajo o al estudio después de las vacaciones puede generar malestar físico y emocional. Entender que se trata de una etapa de adaptación y no de una enfermedad ayuda a atravesarla mejor.
El llamado síndrome postvacacional no es un diagnóstico médico, sino un proceso adaptativo que aparece al volver a la rutina tras un período de descanso. Se manifiesta con cansancio, falta de motivación, irritabilidad, ánimo bajo, dificultad para concentrarse y cambios en el sueño. Según describen especialistas en salud, estos síntomas suelen durar entre una y dos semanas y, en la mayoría de los casos, desaparecen antes de las tres semanas sin necesidad de medicación.
Para transitar este período, los expertos recomiendan reordenar los horarios de manera progresiva, evitar exigirse rendimientos inmediatos y retomar las tareas paso a paso. Dormir bien, mantener una alimentación equilibrada y realizar actividad física regular ayudan a regular el ánimo y la energía. También es clave moderar el consumo de alcohol y cafeína, ya que pueden empeorar el descanso nocturno y aumentar la ansiedad.
Sumar actividades gratificantes, aunque sean breves, y adoptar una mirada realista sobre el regreso —sin idealizar las vacaciones ni dramatizar la rutina— facilita la adaptación. Si el malestar se prolonga, se intensifica o interfiere con la vida diaria, es importante consultar con un profesional de la salud, ya que podría tratarse de un cuadro de ansiedad o depresión que requiere evaluación específica.
Fuentes
– La Vanguardia. “Síndrome postvacacional: cómo retomar la rutina”. 2026.
– Frontiers / ResearchGate. The Impact of Vacation Length and Frequency on Enhancing Psychological Well-Being.







