La impuntualidad recurrente en personas con Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) no es desinterés ni falta de compromiso: responde a una “ceguera temporal” y a dificultades en la gestión del tiempo vinculadas a la disfunción ejecutiva del cerebro, según evidencia publicada en Journal of Attention Disorders.
Llegar tarde de manera habitual es una de las conductas que más conflictos genera en la vida social, laboral y familiar de las personas con TDAH. Sin embargo, la ciencia aporta una mirada clave: no se trata de pereza ni de falta de voluntad, sino de un funcionamiento neurológico diferente.
Estudios publicados en la Revista de Trastornos de la Atención describen una disfunción ejecutiva que afecta la percepción del paso del tiempo, la planificación y el control de impulsos. La llamada ceguera temporal dificulta “sentir” cuánto duran las actividades, lo que impide estimar tiempos reales para prepararse o trasladarse.
A esto se suma la procrastinación, frecuente en el TDAH, ya que la urgencia aumenta la liberación de dopamina —un neurotransmisor clave para la motivación— y empuja a postergar tareas hasta último momento. Los problemas de memoria de trabajo complican organizar pasos y recordar preparativos previos a salir, mientras que el hiperfoco puede absorber la atención y hacer que citas y horarios literalmente desaparezcan del radar.
Otros factores, como la subestimación de los tiempos, la falta de márgenes y la inercia para cambiar de actividad, completan el cuadro. Comprender estos mecanismos permite reducir estigmas y promover estrategias de apoyo —recordatorios, rutinas visuales, alarmas múltiples— que ayuden a mejorar la organización diaria y la calidad de vida.







