El dolor de mandíbula y el desgaste dental son señales de alerta que no deben ignorarse. El Dr. Alberto Cormillot explica que el bruxismo no es solo un problema físico, sino una «censura emocional» vinculada al estrés que requiere un abordaje integral para evitar daños mayores.
El bruxismo se define como la acción de apretar los dientes, un hábito que puede ocurrir tanto durante la noche como en el transcurso del día. Quienes lo padecen suelen notar los síntomas al despertar, manifestando dolor en la mandíbula, dolor de oído o cefaleas, además de sufrir una calidad de sueño deficiente. El signo más preocupante es el desgaste progresivo de las piezas dentales, un proceso en el que la persona, literalmente, se va «comiendo» sus propios dientes.
De acuerdo con el Dr. Cormillot, este fenómeno funciona como una especie de «censura emocional». En muchos casos, el acto de apretar los dientes es el resultado de un mal manejo del estrés o de la contención de pensamientos y sentimientos que no se expresan. Por ello, se enfatiza que, aunque el problema se muestra en la boca, es fundamental analizar qué está sucediendo en el resto de la cabeza.
Claves para el tratamiento y control Es importante destacar que el bruxismo no se cura, pero se controla mediante diversas estrategias para atenuar el daño:
• Placas de descarga: Son protectores dentales fundamentales. Deben ser individualizadas y no las que se compran de forma genérica en farmacias.
• Automasajes: Se recomienda realizar masajes en los músculos masticatorios (a los costados de la cara) para aliviar la tensión acumulada.
• Toxina botulínica (Bótox): En casos necesarios, se utiliza para reducir la contracción muscular y la hipertrofia de los músculos afectados, aunque su efecto es transitorio y debe repetirse.
• Consciencia y relajación: El paciente debe aprender a identificar durante el día si está apretando los dientes y aplicar técnicas de relajación de forma consciente








