jueves, abril 16, 2026
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San Valentín: la receta secreta para encender la química del amor

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En el “Día de los enamorados” te contamos qué dice la ciencia sobre este sentimiento universal que revoluciona cuerpo y mente 


El amor es una emoción que inspira a los poetas y cautiva a los científicos. Tanto es así que las primeras herramientas psicológicas para cuantificarlo aparecieron en los años 40 del siglo pasado y, desde entonces, miles de estudios se multiplicaron para intentar dar una explicación a sus misterios.

Por eso se sabe, por ejemplo, que a pesar de que su ícono mundialmente reconocido es el corazón, el amor reside en el cerebro y representa un apasionante objeto de estudio para las neurociencias.

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DEFINIENDO AL AMOR

Para algunos expertos es una emoción «secundaria» más compleja que la alegría, el miedo o la tristeza, que afianza los vínculos y asegura protección y continuidad a la especie. Para Helen Fisher, antropóloga de la Universidad de Chicago (USA), más que una emoción, el amor romántico es un impulso “(…) que viene de la parte del cerebro que desea, que ansía”.

Más allá de las diferencias, los científicos concuerdan en que su naturaleza es química ya que el amor es el resultado de ciertos mecanismos biológicos que influyen en la atracción entre las personas.

En consecuencia, el amor es el resultado de un cóctel entre:

  • Feromonas: sustancias señalizadoras a través de olores casi imperceptibles que pueden impactar en la preferencia de unos por sobre otros guiando la elección de pareja.
  • Proximidad, parecido y familiaridad: ingredientes de la “receta para la atracción” que confirma que dos personas que se encuentran más cercanas físicamente, son similares en edad o altura o comparten actitudes hacia ciertos temas tienen más probabilidad de sentirse atraídas que dos desconocidos que se cruzan en la calle.
  • Circuitos cerebrales: el amor y el deseo activan neurotransmisores que intervienen en el cóctel cerebral del amor. Las sustancias que más intervienen son la dopamina (se la relaciona con la energía, el interés, la autoestima, la felicidad y el impulso), la serotonina (nivela el cortisol -hormona del estrés- y está asociada al bienestar porque equilibra los estados de ánimo), la feniletilamina (inunda el cerebro durante la primera fase de amor romántico inhibiendo la necesidad de descanso y de comida y favoreciendo un estado de euforia y “ceguera” de aspectos percibidos por otros como negativos), la oxitocina (hormona vinculada con el apego, la necesidad de afecto y el pensamiento romántico), la norepinefrina (afecta la atención y la concentración –¿será la responsable de la frase “cabecita de novi@”?) y las endorfinas (reducen la ansiedad, aumentan la percepción del placer, la sensación de alegría, el bienestar y la euforia).
Aunque su ícono es el corazón, el amor es puramente cerebral.

Por eso, ver al ser amado desencadena un proceso de reacciones de adaptación fisiológica: la liberación de neurotransmisores impacta sobre cuatro áreas del cerebro (núcleo accumbens, septum, amígdala y corteza prefrontal) que activan al hipotálamo -centro de las reacciones emocionales-. El sistema nervioso autónomo prepara a los capilares sanguíneos para recibir un mayor flujo de sangre y activar las glándulas sudoríparas. Las mejillas se ponen rozagantes, el corazón reacciona aumentando los latidos junto con el volumen de sangre bombeado. Las sustancias químicas cerebrales encienden áreas relacionadas con la energía, la sensación de sosiego, el placer y la calma natural; y desactiva otras para que la estimulación sea placentera y movilizante sin llegar a niveles de estrés.

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RECETA PARA EL AMOR DURADERO

Mientras los estudios continúan, la neurobiología asegura que aunque las cantidades de hormonas y neurotransmisores varíen a medida que la relación se asienta dándole distintas formas con el paso de los años, este sentimiento majestuoso puede perdurar si las sustancias cerebrales se combinan con tres ingredientes indispensables:

  1. Intimidad: sensación de cercanía, conexión.
  2. Pasión: impulso sexual, atracción física.
  3. Compromiso: decisión de que la relación perdure.

Para preparar esta receta, puede ser útil:

  • Propiciar espacio para disfrutar de a dos.
  • Escuchar las necesidades del otro.
  • Cultivar la virtud del diálogo.
  • Estimular la novedad y la sorpresa.
  • Multiplicar las expresiones de afecto al 5 x 1 (cinco positivas por cada negativa).
  • Encontrar cada mañana una acción simple de 5 minutos que tenga el objetivo de mejorar nuestra vida en pareja.

Será por eso que, más allá de los hallazgos científicos, la química y la “piel” que pueda sentirse con el otro, a la magia del enamoramiento hay que ayudarla con respeto, comprensión y tolerancia. Sin dudas, todo un arte.

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