Comer en familia: por qué es importante recuperar el hábito

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Compartir la mesa es cada vez menos frecuente. Sin embargo, el tiempo de la comida compartida es un espacio indispensable para transmitir hábitos saludables y disfrutar de buenos momentos


La “comensalidad” (co = compartir, mensa= mesa) literalmente significa “compartir la misma mesa”. Otras palabras de nuestro vocabulario que tienen la misma raíz latina remiten a la misma esencia; como por ejemplo “compañía”, “acompañar” o “compañero”, que hacen referencia a aquellos que comparten el pan (co comedere = comer / panis = pan).

Este origen marca una certeza indiscutible: comer en compañía satisface un instinto de supervivencia básico desde épocas remotas, ya que nuestros ancestros cazadores y recolectores compartían tarea y alimento como modo de supervivencia.

Desde entonces, el comer juntos indica la pertenencia a un grupo; y el acto de comer encierra tantos significados que distintas corrientes de estudio (la sociología, la antropología, la psicología, la medicina e incluso la religión; entre muchas otras) se dedican a analizar, por ejemplo:

  • las costumbres culinarias y los rituales alrededor de la comida en cada cultura,
  • la forma en la que comemos en el interior de un grupo (en familia; con amigos o colegas, en pareja);
  • las comidas tradicionales y festivas; entre muchos otros aspectos.

En este pasaje del “alimento” como factor nutricional a la “comida” como hecho social, las investigaciones remarcan múltiples beneficios de la comensalidad que resulta indispensable conocer para valorar la importancia de preservar el espacio de comer en grupo como una de las maneras más efectivas de socializar y cuidar la salud física y emocional.

LA IMPORTANCIA DE COMER EN FAMILIA

Si no compartís la mesa durante la semana, incorporá progresivamente el hábito los fines de semana.

Una investigación realizada por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI)  titulada “Degustando sabores, cultivando emociones. Comensalidad, un espacio para la educación emocional de los niños”, focalizó el análisis alrededor del ineludible espacio de enseñanza que se construye alrededor de la mesa compartida, “oportunidad en que los padres pueden enseñar a sus hijos chicos a identificar y canalizar sus emociones y a desarrollar una relación saludable con la comida”.

El estudio explora el aspecto emocional de la alimentación y revela varios beneficios, al tiempo que sostiene que comer es mucho más que ingerir nutrientes y que la relación saludable con la comida puede construirse desde la primera infancia.

Algunas de las claves que revela para conseguirlo, son:

  • Tener paciencia: no frustrarse cuando el chico rechaza algún alimento ya que el gusto por la comida se desarrolla con el tiempo.
  • Darles cierta autonomía a la hora de comer para permitirles descubrir sus gustos y preferencias.
  • No forzarlos a comer sin hambre, así aprenden a respetar sus sensaciones y a percibir cuándo tienen hambre y cuándo están satisfechos.
  • No usar la comida como premio ni como castigo.

Este aspecto emocional del acto de comer también se aprende: el sabor, la comida, las emociones y los relatos que se transmiten de padres a hijos pueden reforzar conductas saludables.

CUATRO CLAVES EXITOSAS

1. Aprovechar el fin de semana para reconstruir esa comensalidad olvidada, tal vez, porque la rutina semanal no te permite comer en familia a diario.

2. A medida que los chicos crecen, enseñarles a colaborar con alguna tarea apropiada para su edad: hacer una compra, poner la mesa, preparar el jugo, servir la comida. Comer en familia es una tarea que agrupa y reúne a todos.

3. Dejar de lado las pantallas y ser el ejemplo. No pretendas que tus hijos abandonen el chat si vos seguís en línea durante la comida. Si pueden apagar la televisión, mucho mejor.

4. A pesar de que lo intentes, a veces el momento de la comida compartida no es “ideal”. Si es así, no te estreses. Si bien lo más conveniente es disfrutar de un ambiente de calma y comunicación durante la comida, en ocasiones representa la oportunidad de enfrentar las diferencias y más de una vez los chicos (y los adolescentes) no querrán comer o compartir de la forma en que uno considera más apropiada. A pesar de esto, insistí. Comer en familia no solo es un hábito que se aprende. Es una oportunidad única de compartir, aprender y enseñar, valores y costumbres que acompañarán a tus hijos toda la vida.

Comer en familia es mucho más que alimentarse: la integración, el afecto y el diálogo como así también la negociación y la discusión de miradas opuestas se construyen en torno a la mesa familiar.

Ver también → 11 beneficios de comer en familia.