Adelgazar en diciembre: expectativas versus motivación

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Al llegar este momento del año, muchas personas afirman estar preparadas para el desafío de adelgazar (o mantenerse)… ¿será cierto? El doctor Alberto Cormillot nos cuenta de qué se trata el “síndrome de la esperanza falsa” y cómo adecuar nuestras expectativas para evitar la frustración


Ana tiene varios kilos de más. En realidad la cantidad no es importante para este tema porque personas con distintos niveles de sobrepeso u obesidad pueden sentir lo mismo que ella cuando llega diciembre: “¡TENGO que adelgazar!”, “¡TENGO que ganarle a la tentación!”.

El problema de Ana y su “TENGO QUE” podría confundirse con una obligación autoimpuesta o con un deseo que nace de su “gran” expectativa por verse y sentirse mejor.

Sin embargo, el “tengo que” esconde uno de los pensamientos más peligrosos para encarar la última quincena del año… y digo “última quincena” porque, entre las fiestas propiamente dichas y los encuentros inter-festivos, pasamos quince días –a veces más– expuestos a comidas y bebidas que no están considerados como “libres” en ningún plan de alimentación para bajar de peso.

Ahora bien. Podríamos decir que Ana tiene una expectativa demasiado alta escondida detrás de su “tengo que”. Seguramente quiera adelgazar lo suficiente para verse bien en la fiesta de fin de año o en el cóctel del trabajo, en la próxima despedida con amigos o compañeros, o incluso en la reunión familiar donde se reencontrará con personas a las que quiere sorprender con su nueva imagen.

Este tipo de anticipaciones, cuando son poco realistas (“tengo que bajar 5 kilos en 2 semanas”) suelen combinarse con pensamientos rígidos (“debo conseguirlo sí o sí, de lo contrario soy un fracaso”) y ser responsables de la falta de continuidad y compromiso que requiere el proceso de adelgazamiento.

Es lo que llamamos “síndrome de la esperanza falsa”, que se basa en la creencia equivocada de que el cambio es fácilmente alcanzable y que no requiere mayores esfuerzos, lo cual favorece expectativas exageradas que, tarde o temprano, conducen a la decepción.

Para trabajar este tema en el tratamiento individual o grupal recurrimos al siguiente cuadro que refleja la relación que existe entre la expectativa y el resultado.

Siguiendo el ejemplo de Ana, si los círculos rojos muestran que su expectativa de adelgazar es grande; pero…

  • su motivación es pobre,
  • el plan es ambicioso y
  • su capacidad de esfuerzo es chica…

¡Los resultados serán escasos!

Del lado contrario, los círculos verdes muestran una relación simétrica entre la expectativa y los resultados.

La razón es simple: para tener éxito en cualquier objetivo es importante que las expectativas se equilibren con el resto de las variables porque los resultados son, siempre, la consecuencia de esta combinación.

AJUSTANDO REALIDADES

Se conoce como “expectativa” al deseo o la esperanza de conseguir algo.

Cuando esta “expectativa” no está en sintonía con el esfuerzo que ese objetivo requiere o responde a creencias irracionales, el éxito en la tarea suele ser esquivo.

¿Está mal, entonces, tener la expectativa de adelgazar o mantenerse durante las fiestas?

¡Claro que no! Muchísimas personas lo consiguen. De hecho alcanzan el éxito aquellas que tienen presente que la esperanza verdadera del cambio requiere que sus esfuerzos se emparejen con sus metas.

Son, además, las que:

Planifican cuál será su menú con anticipación: cocinan rico y light tanto para recibir en su casa como para llevarse la vianda adonde vayan; o se animan a preguntar el menú para programar qué comer y beber.

Arman un “Plan B”: tienen a mano alternativas que disfrutan porque no olvidan en ningún momento que… ¡se trata de una fiesta!

Anotan en un calendario semanal todos los eventos: brindis, encuentros con amigos y compañeros, salidas y fechas importantes; y en función de eso deciden qué comer y beber, cómo hacerlo, en qué cantidades y cuándo darse el gusto con lo que les parece más rico y tentador.

No se autoengañan pensando “no voy a comer nada engordante” o “no voy a tomar ni una gota de alcohol”. En lugar de eso, practican la flexibilidad sin sentirse condenados a decir “no” a todo… pero también pueden dejar pasar una segunda porción o un postre sin dramatismo porque practican la sobriedad y están decididas a plantearse límites y cumplirlos en forma inteligente y realista.

Como en el resto de las metas, adelgazar o mantenerse en estas fiestas dependerá de cuán dispuestos estemos al esfuerzo que requiere, qué energía dediquemos a elaborar un plan adecuado y qué movilizadora resulte esa motivación que nos empuja hacia una mejor calidad de vida de la mano de algunos kilos menos.

Pedir ayuda es la clave para organizar el mejor tránsito hacia un año nuevo con la firme decisión de aprovechar cada oportunidad para vivir más y mejor.

Prof. Dr. Alberto Cormillot

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