Las reflexiones del doctor Cormillot: «¡No como y engordo!» o el poder de la negación

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Alberto Cormillot nos hace pensar en una de las frases emblemáticas con que muchos pacientes se defienden cuando no logran bajar de peso. Pese a que es falsa de toda falsedad, hay quienes la dicen convencidos y hay que hacerlos recapacitar para que logren tomar conciencia de lo que realmente ingieren


“No como y engordo”, es una de las frase que solemos escuchar los médicos nutricionistas con asiduidad en nuestros consultorios y pone a prueba el sentido común. Este fenómeno significa un verdadero desafío para la fisiología, la física, la lógica y, sobre todo, para quienes tratan de explicarlo.
El “No como y engordo” es imposible. Se estaría hablando de la generación espontánea de materia; en este caso, grasa. Entonces uno en el consultorio está frente a una disyuntiva: si le digo que en realidad sí está comiendo se puede ofender; pero si no se lo digo hago como el cuento del borracho que buscaba una noche la llave debajo de un farol, el policía le pregunta si está seguro de que la perdió allí y él le responde que no, pero que en ese lugar hay luz.

Cuando era joven solía preguntar “¿Está seguro de que no comió nada?”… y era posible que me respondieran: “¿¡Doctor, usted duda de mí!?”. Y uno no duda. Uno está seguro.
Lo cierto es que si eliminamos mecanismos sobrenaturales, quedan otras posibilidades, entre ellas:
• No “darse cuenta” de que uno comió.
• No registrar el tamaño de las porciones y pensar que al final comimos muchos menos de lo que comimos. En estos casos es útil un método antiguo pero eficaz: pesar todos los alimentos que pasan por la boca, hasta una arveja.
• Saber que uno comió de más y ocultarlo. Omitir la verdad al profesional es una respuesta habitual pero inefectiva.
Uno puede ayudar a alguien que come de más, se descontrola, se levanta de noche a comer, pica, saltea comidas, está deprimido, ansioso, tiene pereza, no planifica, tiene una intensa vida social. Pero, ¿cómo ayudar a alguien que no come? ¿Hay que generarle suficiente confianza como para que confiese su “desliz”? ¿O sería mejor ayudarlo a que arme un equipo de colaboración con el profesional?

Intento dejar un mensaje de aliento y una propuesta de paz a los terapeutas, consejeros, nutricionistas y médicos: no se desanimen frente al “No como, no bajo y usted tiene la culpa”. Tampoco se enojen. La negación forma parte de la enfermedad.
También quiero alentar a los pacientes, a veces acosados para que adelgacen. Sepan que quienes los tratan suelen ser personas con mucha disposición y entrenados para ayudar, pero no son magos, ni santos que pueden hacer milagros. ¡nganles piedad!

La mejor salida es ayudar a los pacientes a firmar la paz con quienes los tratan para armar un equipo de colaboración donde nadie diga “A mí hasta el agua me engorda” o “¿Para qué tanto sacrificio si al final uno no baja lo que quiere?”.
Esta relación la tenemos que construir entre todos. Porque la obesidad es una enfermedad muy inteligente, y la grasa no sólo se infiltra en el hígado sino también -simbólicamente, claro- en el cerebro de las personas… y las hace decir cosas peculiares. ¿Usted qué hará? ¿Lo que le dicta la obesidad o su sentido común? En la respuesta puede estar el cambio de rumbo.

Dr. Alberto Cormillot