Qué es el colesterol, cuáles son sus niveles saludables y consejos del doctor Cormillot para mantenerlo bajo control

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Esta sustancia se encuentra en todas las células de nuestro cuerpo, viaja por la sangre y es utilizada por nuestro organismo en varias funciones. Sin embargo, su exceso aumenta el riesgo de distintas afecciones. Te contamos todo lo que tenés que saber para mantenerlo bajo control y un video esclarecedor del doctor Cormillot


El colesterol es una sustancia grasa que se encuentra naturalmente en las paredes de las células y en las membranas del cuerpo incluyendo el cerebro, los nervios, la piel, el hígado, los músculos, los intestinos y el corazón.

A pesar de lo que muchos creen, no es perjudicial en sí mismo, y pese a su mala reputación cumple con nobles funciones; entre ellas producir las hormonas sexuales, la vitamina D y los ácidos biliares que favorecen la digestión de las grasas provenientes de los alimentos.

Sin embargo, para llevarlas a cabo basta con una pequeña proporción de colesterol, y sería suficiente con la que produce nuestro propio cuerpo. De hecho, podríamos vivir perfectamente sin ingerir colesterol y todas las funciones que esta sustancia regula serían cumplidas a la perfección.

Entonces… qué es lo que hace que el colesterol sea un factor de riesgo: su exceso y la falta de equilibrio entre el bueno (HDL) y el malo (LDL), cuadro que se conoce como hiperlipidemia o hipercolesterolemia, uno de los principales causantes de enfermedades cardiovasculares.

Si el nivel de colesterol en sangre es elevado, las sustancias grasas contenidas en los alimentos tienden a almacenarse en las paredes de los vasos sanguíneos. Esto puede suceder por tener una dieta inadecuada rica en grasas o por sufrir de hipercolesterolemia familiar, una enfermedad genética bastante común.

Con el tiempo y sin tratamiento, estos depósitos pueden restringir e incluso bloquear la circulación de la sangre, pudiendo dañar órganos vitales como el corazón y el cerebro. El colesterol alto está asociado, además, a la aterosclerosis (acumulación de grasas, colesterol y otras sustancias en las paredes de las arterias), la hipertensión, el ACV, el infarto y la diabetes.

CLASIFICACIÓN

Para viajar a través del torrente sanguíneo, el colesterol requiere del armado de un «transporte» ya que la grasa es cerosa y no se mezcla directamente con la sangre, de textura acuosa. Serían algo así como el agua y el aceite. Entonces, para llegar a cada una de las células y tejidos y cumplir sus funciones, las moléculas de colesterol se enlazan con proteínas creando unos vehículos especiales llamados lipoproteínas (lipo = grasa) que encierran al colesterol como si fuera una especie de burbuja para transportarlo por todo el cuerpo.

El problema es que solo algunos de estos transportes son beneficiosos; en la mayoría de los casos no lo son. Es así como llegamos a la distintos entre:

  • Colesterol bueno, también conocido como HDL por su sigla del inglés High density lipoprotein, «lipoproteína de alta densidad».
  • Colesterol malo, también conocido como LDL por su sigla del inglés Low density lipoprotein, o «lipoproteína de alta densidad».

¿Por qué las primeras son beneficiosas y las segundas no? Porque son diferentes vehículos que cumplen distintas funciones. Veamos: mientras el colesterol bueno –HDL- se encarga de limpiar los desechos y excesos de sustancias nocivas en el torrente sanguíneo transportando entre un 20 a 25% del colesterol sanguíneo hacia los tejidos del hígado; el colesterol malo –LDL- se ocupa de transportar la mayor parte del colesterol (75 a 80% restante) hacia la sangre, depositándolo en las células y en las arterias. Esta función perjudicial se ve favorecida por el tipo de vehículo que transporta el colesterol malo: la lipoproteína de baja densidad tiene la capacidad de entrar muy fácilmente a los vasos sanguíneos y de adherirse a las paredes porque son de menor tamaño.

FACTORES DE RIESGO

Además de la alimentación existen otros aspectos que intervienen en el complejo proceso y pueden clasificarse en dos grupos: los que podemos modificar, y los que no. Dentro de estos últimos se encuentran:

  • La genética: algunas personas pueden atribuir su colesterol alto a esta causa. El nombre es hiperlipidemia familiar y consiste en un defecto en el modo en que el cuerpo metaboliza las lipoproteínas, lo cual favorece colesterol total alto, triglicéridos elevados (un tipo de grasa presente en el torrente sanguíneo y en el tejido adiposo) o ambos. Cuando los cambios en el estilo de vida no son suficientes, se recurre a la combinación con farmacoterapia.
  • El sexo y la edad: aunque en líneas generales son más los hombres que las mujeres quienes padecen enfermedades cardiovasculares, después de la menopausia el riesgo parece igualarse y cerca del 50% de los ataques cardiacos suceden en personas de sexo femenino. Esto podría deberse a que hasta la menopausia las mujeres tienen un nivel de colesterol total más bajo que los hombres de su misma edad, pero después de la misma su colesterol LDL aumenta y el HDL disminuye. Además, después de los 50 años, niveles altos de HDL no parecen ofrecer la misma protección previa a la menopausia. Debido a esto los expertos consideran que, especialmente en las mujeres, cuanto más HDL mejor.

Los que sí podemos modificar, son:

  • El cigarrillo: disminuye el nivel de colesterol HDL, daña los vasos sanguíneos reduciendo su elasticidad y reduce los niveles de oxígeno en sangre. Como consecuencia, el flujo sanguíneo baja, aumenta la presión arterial y los vasos incrementan su capacidad de adherencia del colesterol LDL posibilitando la formación de la placa.
  • El exceso de peso: no solo la cantidad de kilos de sobrepeso sino la ubicación de la grasa en el cuerpo son determinantes para la salud. La primera situación está asociada con un aumento del colesterol LDL y una disminución del HDL. La segunda, cuando se acumula dentro del abdomen, representa un factor de riesgo para las enfermedades cardiovasculares y el síndrome metabólico.
  • El sedentarismo: aumenta el colesterol LDL porque como el cuerpo no quema las calorías estas se almacenan en forma de grasa. Además, reduce los niveles del HDL.
  • El estrés crónico: aumenta el colesterol LDL y, además, impacta negativamente en la capacidad de desechar su exceso a través del hígado.

SÍNTOMAS

El colesterol puede ser un enemigo silencioso dado que no produce señales que ayuden a actuar anticipadamente. Como resultado, lo mejor que podés hacer es trabajar en la prevención.

DIAGNÓSTICO

El estudio de sangre permite determinar si tus niveles de colesterol y triglicéridos son saludables o no.

Si tus niveles de colesterol LDL (atacantes y enemigos de las arterias) y de HDL (defensores, limpiadores) están en equilibrio no se forma placa y se reduce tu riesgo de enfermedades cardio y cerebrovasculares.

Ahora, si tu sistema de limpieza es deficiente (tenés bajos los niveles de HDL) el riesgo de aterosclerosis aumenta porque la placa se acumula en las arterias debido a elevados niveles de LDL.

CUÁLES SON LOS NIVELES SALUDABLES

  • Colesterol total. Está compuesto por el colesterol HDL (bueno) y el colesterol LDL (malo). En exceso comienza a depositarse en las arterias, dañándolas y tapándolas, lo cual aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares (ECV). Conviene tener menos de 200 mg/dl.
  • Colesterol LDL (malo). Es perjudicial porque contribuye a que las arterias se angostes o tapen, lo que puede favorecer ataques al corazón o al cerebro. Por eso, cuando menor sea su nivel, mejor. Conviene tener MENOS de 100 mg/dl.
  • Colesterol HDL (bueno). Tiende a evitar que se acumule la grasa en las paredes de las arterias trasladando esta sustancia hacia el hígado, donde se procesa y elimina. Por eso, cuando MÁS ALTO sea su nivel, mejor. Conviene que las mujeres tengan MÁS DE 50 mg/dl y los hombres MÁS DE 40 mg/dl.

CÓMO REDUCIR EL COLESTEROL ALTO

La defensa más efectiva contra un nivel alto de colesterol es una alimentación baja en grasas, especialmente saturadas, y colesterol. Para lograr este objetivo conviene elegir más alimentos de origen vegetal y moderar el consumo de los de origen animal.

Sin embargo, existe un porcentaje de personas que, además de cuidar su alimentación, mantenerse físicamente activas, no fumar y aprender a manejar el estrés, necesitan el complemento de un medicamento que ayude a su organismo a controlar el colesterol, especialmente si su genética o sus antecedentes familiares le están jugando una mala pasada.

Es importante que sepas que estos medicamentos no son milagrosos, es decir, no curan el colesterol sino que ayudan a evitar que tu organismo produzca o absorba colesterol. Si abandonás el tratamiento, tus niveles de colesterol subirán nuevamente excepto que los cambios en tu estilo de vida hayan tenido un impacto lo suficientemente positivo como para no necesitar los fármacos.

VER TAMBIÉN Cómo bajar el colesterol con cambios en tu alimentación

Fuentes:

  • Sistema P. El plan para vivir mejor y mantener un peso sano; Dr. Alberto Cormillot, Paidós (2013).
  • La alimentación inteligente; Dr. Alberto Cormillot, Ediciones B (2022).